El dilema de los calmantes

Por Jacob Blake, MD

Los calmantes con receta son potentes medicamentos que reducen el dolor al interferir con la capacidad del sistema nervioso de transmitir señales de dolor. La mayoría de los calmantes también estimulan partes del cerebro asociadas con el placer de modo que, además de bloquear el dolor, levantan el ánimo.

Los calmantes con receta más potentes se denominan opioides. Estos medicamentos producen una euforia breve pero debido a que son adictivos, su uso a largo plazo puede ocasionar dependencia física. El cuerpo se adapta a la presencia de la sustancia y, si el uso de la droga se detiene abruptamente, ocurrirán síntomas de abstinencia. El cuerpo también podría crear una tolerancia a la droga, lo que significa que tendrá que tomar dosis más altas para lograr los mismos efectos de alivio del dolor.

A pesar de un enorme foco en el uso clínico de analgésicos opioides, el tema sigue siendo controversial. Están aquellos dentro de la comunidad médica que dirían que los médicos deberían dejar de recetar opioides en pacientes con dolor crónico debido al aumento de sobredosis de esta droga durante los últimos 10 años. Quienes opinan lo contrario, buscan preservar el derecho de los pacientes con dolor crónico a vivir con menos sufrimiento.

La historia detrás del uso de opioides

Se han usado opioides durante miles de años para controlar el dolor. Su primer uso fue en forma de opio, y luego en 1803 se desarrolló la morfina. Después de que se inventara la aguja hipodérmica, comenzó a utilizarse la morfina para aliviar a los soldados con heridas traumáticas muy dolorosas. En los 1890, Bayer AG, el inventor de la aspirina, desarrolló la heroína y la promovió brevemente como una píldora menos adictiva, hasta que se descubrió que era altamente adictiva y se prohibió su consumo.

En los 1960, se dio inicio a un movimiento para aumentar la accesibilidad a los medicamentos para el dolor, por la falta de opciones para el control del dolor en pacientes oncológicos. En los 1990, se crearon varios medicamentos sintéticos con perfiles de acción corta y prolongada. La venta de opioides se cuadruplicó entre 1999 y 2010. Los médicos usaban estos compuestos mayoritariamente en pacientes con dolores crónicos. La oxicodona se transformó en un término habitual. Luego vino el aumento de muertes asociadas con estos medicamentos. Las muertes por opioides recetados se ha vuelto muy habitual.

¿Funcionan para el dolor crónico y deberían estar disponibles?

Desafortunadamente, la respuesta es sí y no. Los datos de la terapia a largo plazo con opioides se basan mayormente en estudios de corto plazo que usualmente duran tan solo 90 días. No existen datos a largo plazo que demuestren que el uso continuo mejora o desmejora el estado de funcionamiento o los impedimentos de los pacientes que sufren de dolor crónico. Por el contrario, la experiencia anecdótica nos dice que hay muchos pacientes que usan opioides correctamente y que reportan mejoras significativas en estos parámetros. Aparentemente alivian el dolor y el sufrimiento en muchos pacientes que ya han probado y no han tenido éxito con otros tratamientos más conservadores.

Los médicos que se especializan en el manejo del dolor tienen la difícil tarea de evaluar el riesgo de los pacientes de posibles remisiones, abusos o adicciones en la misma medida en que ofrecen esperanza y compasión. Según el nivel del riesgo y la afección, los médicos deben determinar si los medicamentos son el tratamiento correcto para el paciente con dolor crónico. Como paciente, debe confiar en que su médico tomará la decisión correcta para usted.

Para alterar el curso de esta epidemia de opioides se necesitaría una combinación del uso de más alternativas y la cuidadosa selección de los pacientes que son candidatos ideales para estos medicamentos. Lo ideal sería encontrar un término medio en el que los opioides recetados estén disponibles cuando se necesiten urgentemente, pero se mantengan fuera del alcance de quienes podrían sucumbir a ellos.

Conozca más acerca del Centro para el Alivio del Dolor del Northern Nevada Medical Center.